Volver

Y ver el mismo paseo, la misma playa, las mismas rocas. 

Ver de nuevo a las señoras nadando a braza en la playa sin olas, sin meter la cabeza para no arruinar el peinado de los domingos. 

Ver de nuevo a niñas haciendo mejores amigas para siempre es decir para toda la vida es decir para hoy y jugar a ser sirenas sin saber que las sirenas reales eran criaturas monstruosas mitad mujer mitad pájaro que conducían a los marineros a un destino fatal. La mala mujer. 

Me pregunto cómo será jugar a estas sirenas.

Volver 

A la misma costra de crema y arena

a los puestos de pescado frito

al ruido de las gaviotas

al levante 

al mismo horizonte              casi

solo que más cerca

al mismo atardecer              casi

Solo que el cielo está cada vez más lejos

y toda la sal ha secado mi boca. 

Quiero volver

Y me falta el olor de la paraguaya que mi abuela solía pelarnos con la maestría que siempre han envidiado quienes como yo no son capaces de quitar la piel sin llevarse consigo un buen trozo de carne y mi abuela me daba el pedazo directamente del cuchillo y yo, con las manos sucias de salitre y arena, me lo comía haciéndolo estallar y el jugo me resbalaba por la boca y el cuerpo porque la preventiva servilleta nunca era suficiente y me falta que la playa sea infinita que las horas sean largas como álamos y el verano sean diez años de adulto y tenga el color de la infancia y quiero volver y me falta sentir que lo tengo todo tenerlo todo salvo esta persistente nostalgia. 

Y tú me dices que no me deje vencer por esta enfermedad del recuerdo

a mí 

que escribo poesía y compro libros antiguos y visito ruinas y guardo entradas de teatro y 

dices

 que no me preocupe que todos volvemos tarde o temprano a los lugares donde hemos sido felices

Solo 

que no es cierto

Solo

que esos lugares no existen fuera de la memoria. 

 

Y comienzo a pensar que ni siquiera allí. 

Y comienzo a pensar que ni siquiera entonces.

Paula Sánchez

Paula Sánchez

Me encargo de la sección de creación artística de Homo novus, Babia, porque es donde suelo estar. Dicen que escribimos porque nos falta algo, así que este puede ser un buen espacio donde tratar de encontrarlo o, en su defecto, darnos la mano en esa ausencia. ¡Anímate!

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