Noche de Reyes, 1849-1850, Walter Howell Deverell,

Viaje a las comedias del renacimiento

Para entender el presente de la expresión teatral es interesante viajar al renacimiento, al teatro en la corte castellana. Con este artículo pretendo hacer una aproximación a la figura del ideal cortesano, del modelo de hombre de la época y de como se llevaban a cabo las comedias. No os sintáis intimidados por los siglos y los nombres, leed para comprender el espectáculo y el arte que nos ha precedido y nos ha conducido hasta el día de hoy. 

La forma literaria teatral desde los autos religiosos y el teatro pagano hasta la comedia nueva de Lope de Vega pasa por un proceso de experimentación de nuevas formas en las que conviven modos medievales y renacentistas. En los focos intelectuales del momento, como la universidad de Salamanca, Valencia y Zaragoza, era frecuente realizar las llamadas “comedias escolares”. Estas consistían en ejercicios realizados en los últimos cursos, a modo “imitatio”, de las obras latinas, sobre todo en el género satírico, teniendo como referencia a Terencio, Plauto y Horacio, entre otros.  

Los jóvenes renacentistas se forman tomando como modelo el virtus romano, ensalzando los atributos clásicos de los héroes. Pero no en el sentido medieval, como los caballeros carolingios, sino construido sobre un nuevo concepto de cortesano: urbanita, refinado y modélico virtuoso como un ciudadano de la República romana. 

Si durante el medievo el teatro (los autos) se había representado principalmente con fines didácticos (mostrar el sentido de los ciclos litúrgicos), en el s. XVI el teatro se convierte en el speculum principis de los cortesanos y al mismo tiempo remedio lúdico para los largos ratos de ociosidad de la época moderna en la que ya no hay necesidad imperiosa de reconquista. Los poetas, escritores y músicos forman parte de la corte palaciega, escriben los autos que los nobles les encargan en ocasiones especiales, como celebraciones litúrgicas, cumpleaños, victorias militares, etc.

El antropocentrismo del humanismo catellano tiene como representante a Juan de la Encina, autor de comedia humanística que representa el hombre en todas sus dimensiones. Primero con tres églogas religiosas y luego tres profanas, con una de introducción y otra de transición. La Égloga V, que funciona de intermedio, es la clara síntesis del espíritu humanista, en la que refleja la fe del momento al hacer una comparación entre Dios como Rey de Castilla y Duque de Alba como súbdito. Continuamente nos encontramos ante un tratamiento profundo de situaciones que a veces pueden parecer cínicas, ingeniosas y contrarias a lo que al principio de plantea como correcto. A diferencia con La Celestina, que es irrepresentable por la abundancia de situaciones, estas églogas son más sencillas, más breves, y sí se pueden representar. 

Contrapuesto a la búsqueda de la riqueza, el placer y el amor, hay momentos en los que la necesidad de la fama y la vida imperdurable en la tierra parece ser más imperiosa y lo otro queda relegado a un segundo tema de la temporalidad del hombre. Digamos que lo perdurable de la vida para Encina es la resurrección (en el cielo) y la fama (en la tierra); lo temporal está estrechamente relacionado con todo lo que forma parte del orden social.  

Es evidente el cambio de intereses que se ha producido en este medievalismo tardío. Encina ve la oportunidad de representar contando los sagrados misterios la nueva realidad que se está imponiendo, la contraposición que hay entre la vida del campo y la vida urbana, por ejemplo. Ya no se ensalza el ambiente bucólico/pastoril, sino que la vida palaciega es lo que queda ahora destacado.  

Como apuntábamos anteriormente, los nuevos autores relatan el mérito del hombre de alcanzar sus propias metas, los personajes están dotados de mayor independencia en cuanto a sus acciones. Aunque eso no quiere decir que en Celestina no estuvieran desarrollados, es simplemente que ahora los hombres modernos son capaces de conducirse ellos mismos hacia el fin por sus muchas virtudes. 

Todas las obras presentan a la sociedad palaciega como virtuosa. Lo que en Celestina antes era inocencia e indiferencia de los padres, parte de la nueva burguesía, ahora es caballerosidad y preocupación por el bien y el honor.  Es la conquista de un prestigio intelectual lo que mueve al hombre del renacimiento, ya no se bate en duelo por una mujer en la búsqueda de un santo grial. Ahora las batallas son de virtud, dotes, sensibilidad, etc. 

Four Commedia dell'arte Figures. Gillot, Claude (1673-1722)
Four Commedia dell’arte Figures. Gillot, Claude (1673-1722)

Baldassare Castiglione, en El cortesano, describe los atributos que debe tener un cortesano ideal. Esto es lo que se conoce como la figura del polímata, como fueron Leonardo, Miguel Ángel, Francisco I, etc. Castiglione construyó la idea de cortesano pensador. Según él, un cortesano debe tener una actitud de conciencia individual, ser despreocupado, tener un buen lenguaje, cantar, recitar poesía, tener un porte adecuado, ser atlético, conocer las humanidades y las obras clásicas, pintar y dibujar y poseer muchas otras habilidades, siempre sin jactarse de ello.  El poeta tiene que aprender y dominar el arte de la poesía; el pastor, el pastoril; el amante, el amatorio; el palaciego, el de la cortesía; el epicúreo, el del placer; el cristiano, el de la caridad (amor a Dios y amor al prójimo) 

La comedia humanística funda la base del nuevo hombre moderno y del amor que debe profesar. De ahí el debate sobre la naturaleza del amor, el monólogo inicial del galán enamorado, la mediación para conseguir a la dama, la presencia del personaje confidente o mediador.  

Para entender el modelo de cortesano nos paroximamos a uno de los mejores personajes renacentistas, Himeneo de la Himenea de Torres Naharro. Es el galán enamorado de Febea, caballero joven, de buena presencia, sincero en el amor que siente. Himeneo se distingue de los otros enamorados típicos de la literatura española como, por ejemplo, Calixto de La Celestina, en que se muestra más digno en su actuación, no tan extremadamente afectado, ni tan sensual como el amado de Melibea. Himeneo es un enamorado más natural y realista, si salvamos las primeras intervenciones en que se muestra tan artificial como Calixto.

En el momento clave actúa de una forma inteligente y práctica: primero, porque viéndose en inferioridad numérica va a buscar ayuda y, después, porque adopta una postura no de enfrentamiento sino de consenso, al calmar al Marqués y proponerle solucionar la situación con sentido común, empezando por reconocer que era justa la preocupación del Marqués por su honor, quizás porque él era también caballero y comprendía que el noble estaba obligado a actuar como lo hizo por el código del honor de la época, que lo arrastraba a la venganza.

En la Celestina había una aparente diferencia entre la forma de amar entre Calisto y Melibea y los criados, pero en el fondo se veía que conducía al mismo placer carnal, todo se mantenía en el nivel de las bajas pasiones. Sin embargo con los personajes Torres Naharro sí existe esta diferencia de inquietudes contrapuestas entre los nobles y los criados, aspecto que se manifiesta en el uso del lenguaje diferenciado. 

Cortesano a su amada: –Pero en mi primer miraros / tan ciego de amor me vi, / que cuando miré por mí / fue tarde para hablaros / hasta agora / que de mí sois ya señora (vv. 7-12, jornada 1)

Criado sobre una moza: –Quizá si el hombre la halla, / podrá sin mucho afanar / matalle la cachondez” (vv. 52-254, introito)

Lo rústico también sirve para introducir toques de humor, y para que haya contraste entre los tipos de amor. Por eso sorprende cuando un pastor ama, aunque ahora se contempla esa posibilidad, pero amará en un sentido cortesano. Por ellos debemos recordar la remisión del Escudero de Juan del Encina a toda esa tradición bufonesca cuando, asombrado, comprueba que un pastor puede sentir amor: «¿Y amores acá sentís?»,  en Representación sobre el poder del Amor, v. 31014.

Es la Égloga de Plácida y Vitoriano ejemplo perfecto de la idealización cortesana del amor, la situación del huerto, el suicidio, la vigilia de la enamorada, la introducción de instancias alegóricas y mitológicas, o la preparación de los túmulos de los amantes, etc. Es remarcable el cambio de un final de goce canal al final feliz del matrimonio, el propio nombre de Himeneo es una referencia clásica al dios griego de las bodas, el que aparece en el escudo de Aquiles en la Ilíada.  

Plácida y Vitorino, Juan de la Encina
Plácida y Vitorino, Juan de la Encina, recuperado de este enlace.

Las obras parecen que queden inconclusas, pero lo que ocurre es que terminan con música. La importancia de la música en las comedias va en aumento, es un aspecto importante del cortejo, en el arte de Trovar

Marqués: -Bien me place el festejar, / mas no en mi casa, par Dios: (vv. 253-254, jornada 1, p. 198).

Marqués: –Dame un poco ese laúd, / iré tañendo quequiera. / Forsa aquella escopetera / que querrá hacer virtud. (vv. 307-310, jornada 1)5

Y nosotros, sospirando, desvelamos nuestra pena, / y tenémosla por buena, / deseando, servir y morir amando; / que no puede ser más gloria, ni victoria,/ por servicio de las damas,/ que dexar vivas las famas,/ en la fe de su memoria. Escudero (Representación sobre el poder del Amor, vv. 423) 

En Don Duardos hay un momento de cuitas entre los dos amantes en las que la música sirve de forma muy teatral de escenificar la lucha que se establece entre ellos.  

ARTADA: Señora, ¿qué cantaremos?  

FLÉRIDA: Julián lo dirá presto.  

DUARDOS: Señoras, cantad aquesto: «¡Oh, mi passión dolorosa,/ aunque penes, no te quexes,/ ni te acabes, ni me dexes.  (vv. 1231-1251)

Cómo Flerida va cambiando y cediendo conforme avanza la narración, digamos que son las habilidades del hombre moderno y su conversación lo que realmente la va seduciendo, no el beber la copa sino el escuchar su arte.

Espero no haberos aburrido con estos datos de cortesanos y palacios. Como conclusión solo quería destacar la importancia de los roles en el teatro como modelos para el comportamiento de la época, en especial en las relaciones amorosas. Es en esta época, al inicio de la formación de los estados modernos, cuando se consolida el cortejo en las habilidades y las virtudes, dejando a un lado la fuerza y lo sensual.

Bibliografía

Encina, J. d., Y Pérez Priego, M. Á. (1991) Teatro completo. Madrid: Madrid: Cátedra, Cátedra.
Torres Naharro, B. (1994). Obra completa. Madrid: Turner. 
Rojas, F. d., Severin, DS y Cabello, M. (2004). La Celestina. Madrid: Madrid: Cátedra, Cátedra. 
Vicente, G. y Ponz, A. (1983). Teatro. Barcelona: Orbis. 

Imagen de portada: Noche de Reyes, 1849-1850, Walter Howell Deverell

Lupe Belmonte

Lupe Belmonte

Quiero contar historias, ayudar a que cada voz y deseo cotidiano tengan eco de eternidad, quiero ser juglar, declamar poemas épicos, vivir aventuras… Era broma, solo soy una panhumanista aspirante a cineasta. Este proyecto es una oportunidad para que el arte y la cultura nos conviertan en hombres nuevos cada día, que nos renueve la belleza y no perdamos nunca el asombro

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