El hombre se define por su entorno, Txema Salvans

Son las 12 de la mañana. Una pareja discute frente a una obra las decisiones del “Cholo”. No están muy de acuerdo con los últimos fichajes. Poco les importa el polvo que cubre el edificio a medio construir de sus espaldas.  Al mismo tiempo, un hombre con chaleco reflectante posiciona un trípode sobre una furgoneta frente a ellos. Lleva lo que parece una vieja cámara. Será del ayuntamiento. Un técnico que realiza mediciones. A la pareja le da igual. Es prácticamente invisible para ellos. Por ahora, solo les importa las jugadas del Atlético de Madrid y poder seguir descansando el resto del fin de semana, que para algo trabajan cuarenta horas semanales. Tampoco les importan las fábricas, ni la contaminación del Mediterráneo, ni la pérdida de la fauna. A nadie le importan ya esas cosas.

El texto anterior  quizá se pueda acercar un poco a la realidad. Pero es ficción. Una historia inventada que nace de la necesidad de contestar a las preguntas que despiertan en mí cada una de las fotografías de Txema Salvans. Al fin y al cabo, creo que esa es uno de nuestros defectos como seres humanos. Querer saberlo todo. Tener una respuesta para todo. Querer conquistar el entorno.

Txema Salvans nació en Barcelona en 1971. Es biólogo y fotógrafo. En 1997, a los 26 años despegó su carrera al recibir su primer premio FotoPress. Desde entonces, ha seguido reuniendo premios internacionales y publicando nuevos trabajos fotográficos. Su último libro Perfect Day fue estrenado durante la pandemia en 2020. Se denomina a sí mismo, un fotógrafo documental que trabaja en un tema muy determinado: la presencia del ser humano en la costa mediterránea española. Un tema en el que ha desarrollado todos sus trabajos, explorando diferentes conceptos. Se ha creado un reconocimiento internacional que le ha permitido trabajar en medios como The Guardian, New York Times, Le Monde o Esquire.

Durante mi charla con Txema, él me habla de la esencia de su trabajo. Me repite varias veces: “el contexto lo es todo.  Todo.” Durante toda su obra trata de definir al ser humano: somos sociales (The Waiting Game), autoconscientes (The Waiting Game II y Perfect Day) y nos relacionamos con la naturaleza (The Waiting Game III, aún por estrenar). Sin embargo, toda su obra está centrada en cómo nos comportamos con el paisaje que nos rodea. Cómo lo desafiamos y lo convertimos hasta ajustarlo a cómo somos.

Perfect Day, de Txema Salvans
Perfect Day, de Txema Salvans

La obra del fotógrafo se me asemeja de alguna manera con Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Pequeños relatos que describen al ser humano por su comportamiento y su relación con el entorno. Sin embargo, él encuentra mucha más cercanía con Dune, una novela de ciencia ficción escrita por otro científico, Frank Herbert. De la que me cita: “Somos herederos de la violencia ejercida sobre nuestro entorno”.

La mirada de Txema se crea dando la cara a lo que los demás, damos la espalda. Gira la cámara ciento ochenta grados y decide mostrarnos aquello que nos negamos a ver. Es capaz de crear una sensación con la que no sabemos si reír o llorar. Mediante su fotografía realiza preguntas sobre el orden establecido por el mundo, que no se pueden responder. Cuestiona en lo que nos hemos convertido. En definitiva, invita a la reflexión sin juzgar aquello que capta. Ante esto, Txema me responde: “no tengo muy claro porque me relaciono tan bien con estos espacios… Porque supongo que me interesa más hablar de eso, que disfrutar de irme a caminar por los Pirineos. Hay algo muy extraño. ¿Por qué la gente sube ochomiles sabiendo que le va la vida en ello? somos muy extraños.”

The Waiting Game I, de Txema Salvans
The Waiting Game I, de Txema Salvans

Pero aún más interesante es su proceso creativo. “La fotografía más personal, por la que se me conoce, pasa por una disciplina de trabajo muy contundente. A diferencia de la escritura, la fotografía tiene el problema esencial: hay que emplear una gran cantidad de energía para mover equipos técnicos, desplazarse, planificar… Lo que hago es, al comenzar el año, planifico las temporadas de trabajo y decido cuando voy a centrarme en mis proyectos.” Y al igual que los payeses, deja respirar la tierra o el material el resto del tiempo antes de comenzar de nuevo la temporada. De todas formas, explica que es un ejercicio pesado, aunque sea personal, “Voy a los mismos escenarios a lo que he ido una y otra vez. Por tanto, mi ejercicio es: de lo propio, de lo conocido, darle otra nueva dimensión”.

Le pregunto sobre la estética, como consigue esa naturalidad en las personas, como logra documentar algo sin llamar la atención como fotógrafo. Me aclara: “El kit de la cuestión del fotógrafo es la estrategia de acceso.  El cómo lo vas a hacer, es siempre lo esencial. Cuando tú sales de los espacios naturales del fotógrafo (bodas, manifestaciones, ruedas de prensa…) siempre llamas la atención. El fotógrafo tiene dos grandes problemas: siempre impones tu voluntad sobre el fotografiado; y el otro gran problema es que cuanto más bella es la foto, más éxito y reconocimiento tiene, pero más te distancias emocionalmente de lo que está ocurriendo. La capacidad de acceso depende de cada uno de mis trabajos y lo afronto de manera diferente. En nice to meet you, la gente me invitaba a su casa y me servía de punta de lanza; en otros trabajos he empleado cámaras más pesadas que confunden. Se percibe el conjunto y no las partes, ven un tipo con sandalias y una cámara vieja haciendo fotos. No creen que sea un reportero. Me convierto en el más visible, de hecho, a veces llevo un chaleco reflectante para llamar más la atención, pero paso desapercibido”.

Nice to meet you, de Txema Salvans:
Nice to meet you, de Txema Salvans

Todo el mundo tiene una mirada. Txema me aclara que, aunque todo el mundo tenga una historia, no todas las miradas son interesantes. La vocación es casi todo. Si se quiere ser fotógrafo hay que trabajar mucho y buscar la subjetividad: trabajarla formal y conceptualmente. Si de verdad se quiere dar complejidad a la forma de mirar, hay que buscar fuentes complejas dentro de lo que te hace vibrar. No tiene que ver con la cultura, si no con esos pequeños detalles que nos conforman y que son difíciles de describir. Esos mismos espacios son, los que retrata Txema en sus fotografías: consigue comunicar en un lenguaje universal su forma de ver el mundo y su relación con él.

Perfect Day, de Txema Salvans
Perfect Day, de Txema Salvans

Imagen de portada: Perfect Day, de Txema Salvans

Jorge Vega

Jorge Vega

Desde pequeño hacía cortometrajes con mi hermano, desde el desinterés, sin pensar demasiado. Él se ocupaba de todo y yo agarraba la camarita. Años después he de decir que mi hermano se ha convertido en director y es un figura, yo aquí sigo sujetando la camarita. Pero tiene su belleza, captar la realidad. Encerrarla para siempre y analizar todos sus detalles, es realmente hermoso y ojalá sea capaz de transmitírtelo.

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