The West Wing

Alerta Spoilers

Hace ya más de 20 años de la emisión del primer episodio de The West Wing (Graves et al., 1999–2006), la serie sobre un presidente de los EEUU y sus asesores que asentó de manera definitiva e inequívoca el prestigio de su creador Aaron Sorkin. Escritor de A Few Good Men (Reiner, 1992), basada en una obra de teatro que también escribió él, Sorkin se ha convertido en uno de los pocos guionistas en Hollywood que goza del estatus de estrella, un hecho más que sorprendente. 

La introducción de esta obra en el catálogo de Amazon Prime (aunque posteriormente la hayan retirado) ha permitido que seriéfilos de nuevas generaciones, como un servidor, podamos acceder a una obra maestra de la televisión norteamericana. Así como reabrir la conversación en torno a ella incluso en un panorama tan sobresaturado como el actual. Indudablemente lo merece. Es meritorio que un procedimental (como es este) funcione incluso en la época de la ficción altamente serializada (aquella en la que las tramas continúan a lo largo de varios episodios, lo que obliga a ver todos si uno quiere seguir la historia), plagada de cliffhangers y diseñada para atrapar al espectador, empujándolo a hacer maratones.

La longitud de la serie (156 episodios) hace que, para poder aproximarnos con más detalle, nos centremos en el episodio piloto (Sorkin y Schlamme, 1992). En una entrevista (Film Courage, 2018), el doctor en guión y escritor del manual Story Maps: TV Drama (Calvisi, 2015) distingue entre dos estructuras para episodios piloto a las que llama “piloto premisa” y “piloto tercer episodio”, respectivamente. En la primera, el episodio relata los orígenes del protagonista, sirviendo como una historia aislada que arranca el resto de la serie. Sin embargo, en el otro modelo, el episodio sigue la misma estructura que los siguientes, comenzando la serie en un punto donde los elementos ya están establecidos.

Esta distinción es importante porque en el caso de The West Wing sirve para establecer de qué va la serie. La obra de Sorkin sigue el segundo modelo, ya que el primer capítulo es igual que los demás, los miembros de la Casa Blanca ya trabajan allí, las dinámicas están establecidas y somos nosotros los que entramos en ese mundo. 

Los protagonistas de la serie posan con la bandera estadounidense de fondo – ComputerHoy

Sin embargo, bien podría haber empezado contando cómo llegaron allí. La primera escena podría haber mostrado las elecciones que ganan nuestros protagonistas, pero en lugar de eso abre con Sam hablando con un periodista en un bar e intercambiando miradas con una mujer en otra mesa. Esto no es casualidad, ya que The West Wing no es una serie sobre política, sino sobre las personas que hacen política. Son los asesores del presidente quienes nos empujan a ver la serie semana tras semana, no los desafíos políticos a los que se enfrentan.

Otro de los motivos que enganchan al espectador es el denominado “walk & talk”, componente icónico de la obra que se basa en el diálogo astuto y vertiginoso de Aaron Sorkin, recitado (fíjense en la sonoridad de sus palabras) por los actores mientras andan por los pasillos de la Casa Blanca y capturados en plano secuencia. Otra prueba de que el foco no está en los despachos, sino en lo que se cuece en los pasillos, en los bastidores de una de las instituciones más poderosas del mundo.

El protagonismo del diálogo no se detiene ahí, y pasa a adueñarse de la serie (no sorprende, por tanto, que la serie encumbrase a Sorkin). La manera rápida y aguda con la que hablan los personajes, seña de identidad de este guionista, llama mucho la atención y encaja a la perfección en este ambiente. Los trabajadores de la Casa Blanca son constantemente asaltados por noticias, reuniones, informes, negociaciones, etc., por lo que todo ocurre a alta velocidad y, aunque al principio pueda resultar algo estresante para el público, uno no tarda en acostumbrarse y disfrutarlo. 

Por otro lado, la agudeza e ironía que muestran los personajes al hablar los puede convertir en pretenciosos y listillos que se creen siempre “los más listos de la habitación” (“the smartest guy in the room”, que dirían los americanos). Es común verlos burlarse unos de otros (en un tono amistoso) con astutos juegos de palabras que sorprenden por el poco tiempo que les lleva pensarlos (el intercambio de líneas ocurre a una alta velocidad, como hemos dicho). Son también personas tremendamente cultas e inteligentes (reflejo del propio Sorkin), lo que hace que no podamos seguir algunas de sus conversaciones (motivo por el que no la califico con un diez). 

The West Wing (1×01: Pilot), de NBC, 1999 – Amazon Prime Video

Sin embargo, Sorkin consigue diseñar personajes que terminan siendo adorables y con los que no podemos evitar empatizar. El presidente de los EEUU, una figura de poder que normalmente es inaccesible, la máxima autoridad del país, aquí es presentado con un defecto cómico que le convierte en una persona normal: ha tenido un accidente de bicicleta. Algo similar ocurre con Sam, que admite no conocer la historia del edificio de la Casa Blanca. Estos pequeños ridículos sirven para humanizar a estos pedantes eruditos.

El presidente Bartlet (así se llama este mandatario ficticio) representa una visión ideal de gobernante que en la era Trump impacta aún más. Un hombre que sabe equilibrar implacabilidad (por ejemplo, en la reunión con el grupo cristiano) y compasión (que refleja su actitud con los cubanos y con Josh, a quien evita despedir). Bartlet tiene una entrada triunfal que ratifica la grandeza de la serie. En una serie sobre la Casa Blanca, no mostrar al presidente durante la mayoría del capítulo es una apuesta conscientemente arriesgada. Pese a que se le menciona varias veces, no aparece hasta el minuto 36 (a falta de 6 para el final). 

La espera merece la pena. Bartlet, interpretado (ni más ni menos) por Martin Sheen, aparece en pantalla recitando el primer mandamiento en inglés clásico, y en dos minutos soluciona la tensa negociación entre sus asesores y el grupo católico, con su autoridad y astucia. Si todos son “los más listos de la habitación”, el presidente no va a ser menos. Terminamos con los asesores y Bartlet reunidos en el despacho oval, indicando lo que será la serie: un exquisito viaje por los bastidores del gobierno americano de la mano de estos peculiares personajes al que vale la pena hacer un hueco en nuestra watchlist.

Referencias

[1] Calvisi, D. (2015). Story Maps: TV Drama. Act Four Screenplays

[2] Deorah, A. (30 de octubre). A Tale of Two Shows: What The West Wing and House of Cards Tell Us About the Modern Political Climate. . Cal Berkeley Democrats

[3] Film Courage. (18 de agosto de 2018). How To Map Out The Beats Of A Television Show by Daniel Calvisi [Video YouTube]

[4]  Graves, A., Misiano, C., Noah, P., O’Donnell Jr. L., Schlamme, T.,  Sorkin, A. y Wells, J. (Productores), The West Wing. Warner Bros. Television.

[5] Ortega, E. (3 de agosto de 2020). Prime Video recupera la mejor serie de política de la historia. Computer Hoy

[6] Reiner, R. (Director). (1992). A Few Good Men [Película]. Columbia Pictures.

[7] Sorkin, A. (Guionista) y Schlamme, T. (Director). (1999). Pilot (Temporada 1, Episodio 1) [Capítulo de serie de televisión]. En Graves, A., Misiano, C., Noah, P., O’Donnell Jr. L., Schlamme, T.,  Sorkin, A. y Wells, J. (Productores), The West Wing. Warner Bros. Television.

Foto de portada: El presidente Bartlet (Martin Sheen) en el despacho oval – Cal Berkeley Democrats

Carlos Limón

Carlos Limón

Me encargo de la sección de cine como excusa para ver películas en vez de estudiar. Escribo sobre cine y series con plot twists, spoilers, cliffhangers y más anglicismos chulos para analizar las historias que nos atrapan. Espero que con mis críticas podáis disfrutar más las películas que tratemos así que luces, cámara y… Homo novus.

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