Sobre pasiones y jardines – Homo novus

Es un tedioso vigor aquel que el propio amor despierta entre cada uno de nosotros. Una exacerbada pasión intensa como el Sol, como Venus, como Odiseo, como Grecia, como Roma… Que se escapa de nuestras manos, tirado por los violentos perros de la muerte. Síntomas argonáuticamente mitológicos que, en el día de ayer, se apoderaron del viento y de los pasos que dábamos entre cada una de las calles de Madrid por las que paseábamos mi amigo y yo. Pareciera que la simple idea de haber querido ir al Museo del Prado a ver la nueva exposición de Pasiones mitológicas, hubiera contagiado y dado un sentido ulterior a todo aquello; un extraño paralelismo, casi homérico, que comenzó con el drama de encontrárnoslo cerrado.

Los festivos abren sólo hasta las 17h, cosa que olvidamos bajo un sutil despiste de dejadez. Llegamos y el frío calambre de sus enormes puertas nos apabulló, soltándonos un pequeño bofetón por no haber estado atentos, diciéndonos claramente que nos marcháramos porque ya no había nada que ver.

Esto me dejó pensando toda la tarde en la gran excepcionalidad de esta exposición en concreto. Se trata de 29 cuadros, 16 de los cuales pertenecen al Museo del Prado y los restantes son de otras instituciones con las que han colaborado; todo para ofrecernos las famosas seis «poesías» de Tiziano, encargadas por Felipe II. Es un hito museístico haber unido estas obras que no se habían vuelto a juntar desde el s.XVI, y aún más por haberlo logrado en plena pandemia.

Tras la desilusión de no poder verla, la gris condena de ir a la deriva en busca de un nuevo plan bajo el cielo lluvioso no nos animó mucho. Pero lo cierto es que junto al Prado se encuentra el Real Jardín Botánico de Madrid, un pequeño edén que nunca había visitado.

Siempre que pasaba por ahí, me preguntaba: «¿Qué habrá allí dentro?». Para vuestro placer, os puedo decir, con la mayor sinceridad del mundo, que es un lugar que no te deja indiferente. Descubrimos, para sorpresa nuestra, que dispone de una pequeña exposición temporal de Carmen Laffón, artista sevillana contemporánea que está en alza y que tiene piezas en museos de la Fundación Mapfre y en el MET.

La exposición temporal, titulada La Sal, mira activamente hacia la cotidianeidad de las salinas de Bonanza de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Un espacio blanquecino y semiárido que Laffón trabaja sobre grandes formatos pictóricos, dando un lienzo de texturas y colores tremendamente expresivos. Predominan las obras en el blanco y el negro, pero emergen de vez en cuando obras más coloridas, que reflejan los amarillentos rasgos de Cádiz, junto a su claro cielo y su suave mar.

Además, entrando al parque, lo primero que te llama la atención es el reconfortante y colorido lecho creado que la gran variedad de tulipanes crea. Casi no dejan que tu mirada escape de sus frescas voces, tibias esperanzas que no quieres dejar de oír y que poco a poco, en su dulzura, te enloquecen. Y dio, finalmente, la casualidad de que, entre todas ellas, encontramos Narcisos; flor maldita de sí misma, Metamorfosis que rodea todos los aspectos de este día”.

Y esto hizo que me diera cuenta de que, aunque no llegamos a ver Pasiones mitológicas, todo lo que habíamos estado haciendo era rodearnos de un «Apolo y Dafne», de «Venus y Adonis», de «Narciso y Eco», pasajes de Ovidio, de Virgilio, de Homero, que pudiéramos haber encontrado dentro de esas enormes puertas cerradas.

Lo vi entonces todo claro: Las calles y el jardín, sus aceras y sus gentes, se envolvieron en rítmicos toques coloreados del Cinquecento, un ditirambo cósmico de fugacidad; transformando el sensible estar de lo material, en profundos óleos renacentistas. Cada segundo (cada pincelada), no dejaba de pintar en mi cabeza el nacimiento y la muerte de Adonis. En como Venus pretendió atraparle entre abrazos y se dejó llevar por el ímpetu del intenso amor que sentía. Fatídicamente, se le escapó de entre su cuerpo, hasta transformarse en una mortuoria anémona: símbolo del descanso eterno, sobre la tierra, del amado que se iba enmudeciendo entre cada sangrante último beso”

“Tiziano me recordó lo más esencial del arte pictórico, estrato básico que siempre vais a poder apreciar en mis artículos, y es sobre la intimidad que hay en cada trazada de cualquier obra. Porque, en último término, todas son suspiros de lo supraterrenal, de aquello que nos hace verdaderamente humanos. Cachitos del cotidiano infinito que se condensa en experiencias estéticas tan dispares como artistas se entreguen al supremo ejercicio de construir nuevas imágenes, esbozos, acuarelas, mangas, etc”.

Yo, entre cada una de mis palabras, pretendo invitaros a perderos entre los museos, la ciudad y los jardines. Porque el fluir y el arrastrarse continuo del punto es lo que lo termina transformando en líneas que al principio podemos no entender; un temporal pero incomprensible malestar de tinieblas, que acaba dibujando (con todos sus detalles) el sublime ejercicio de vivir”.

Y mientras, digo todo esto, espero que no os olvidéis de pasaros por el Prado y el Real Jardín Botánico de Madrid. Eso sí, acordaros de revisar bien los horarios.

Bibliografía

Ovidio Nasón, P (2007). Adonis y Venus. En C. Álvarez y R. Mª. Iglesias (Ed.), Metamorfosis, (578-580). Cátedra Letras Universales.

Museo Nacional del Prado. (2021). Pasiones mitológicas: Tiziano, Veronese, Allori, Rubens, Ribera, Paussin, Van Dyck, Velázquez. Enlace

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. (2021). Carmen Laffón. La Sal

Foto de Portada: Vecellio de Gregorio, T. (1554). Venus y Adonis. Museo del Prado.

Sobre pasiones y jardines – Homo novus

Hola soy Gabriel López y les doy la bienvenida a mi sitio web donde podrás encontrar el mejor contenido informativo relacionado a las películas y series más famosas.

Otros artículos que pueden ser de tu interés

Subir

Este sitio web utiliza cookies Mas info

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad