Que pase el siguiente

Seguimos el compás de la música sin saber quién toca, sin preguntar quién escribió la letra; un paso tras otro, adelante y atrás. Muñecas de porcelana que intentan seguir el ritmo, incapaces de flexionar las piernas por miedo a romperse. Pero aun así seguimos bailando, seguimos moviéndonos dando vueltas y vueltas en el círculo hasta que la fuerza es demasiada y nos destroza, inmovilizándonos.

Y te quedarás ahí, tendido en el suelo sin poder hacer nada, viendo a la siguiente muñeca tomar tu sitio sin poder avisarla de que es fútil. Las manos invisibles del destino te señalan y recuerdan que fuiste incapaz de aguantar la presión de la gravedad, que te derrumbaste antes de que acabase la canción.

Y así transformaron el viaje en penitencia, en un continuo arrastrar de piezas rotas sobre un suelo ardiente. Intentaste actuar como un humano y sufriste las consecuencias. ¿Es esto lo que nos espera ahora? La extracción del alma dejando paso al vacío, al movimiento exento de vectores, a la gravedad sin ecuación.

Perdiste el significado entre las hojas de los libros y ahora te hundes en un océano de letras.

Intenta nadar hacia la superficie.

Exhala tu último aliento.

Ahógate.

Un relato de Carlos Sierra Martínez

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Música

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En nuestro destino, estaba escrito que haríamos música juntos». Esta es la explicación que encuentra Yoshimitsu4432 para un fenómeno maravilloso: toneladas de gigabytes que recorren,

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