Que pase el siguiente

Seguimos el compás de la música sin saber quién toca, sin preguntar quién escribió la letra; un paso tras otro, adelante y atrás. Muñecas de porcelana que intentan seguir el ritmo, incapaces de flexionar las piernas por miedo a romperse. Pero aun así seguimos bailando, seguimos moviéndonos dando vueltas y vueltas en el círculo hasta que la fuerza es demasiada y nos destroza, inmovilizándonos.

Y te quedarás ahí, tendido en el suelo sin poder hacer nada, viendo a la siguiente muñeca tomar tu sitio sin poder avisarla de que es fútil. Las manos invisibles del destino te señalan y recuerdan que fuiste incapaz de aguantar la presión de la gravedad, que te derrumbaste antes de que acabase la canción.

Y así transformaron el viaje en penitencia, en un continuo arrastrar de piezas rotas sobre un suelo ardiente. Intentaste actuar como un humano y sufriste las consecuencias. ¿Es esto lo que nos espera ahora? La extracción del alma dejando paso al vacío, al movimiento exento de vectores, a la gravedad sin ecuación.

Perdiste el significado entre las hojas de los libros y ahora te hundes en un océano de letras.

Intenta nadar hacia la superficie.

Exhala tu último aliento.

Ahógate.

Un relato de Carlos Sierra Martínez

Compartir artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Cine

Donde nadan los tiburones

¿Cómo funciona un festival internacional de series? El caso de Conecta Fiction En las calles de Pamplona, entre pintxos y copas de vino, se gestan

Ver entrada
Innova

Abramovic

Decía Jacques Copeaue que el artista que más sacrifica su persona es el actor. Persona que nos ofrece en sí misma su propia creación, en

Ver entrada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *