Nanowrimo: escribir es reescribir

Todos los que vivimos en los espacios entre líneas, que nos emocionamos con el olor a libro nuevo o a libro viejo, que llevamos siempre un ejemplar en la mochila o el bolsillo aunque sepamos que no vamos a tener tiempo de abrirlo y perdernos en sus páginas, hemos soñado con publicar.

Publicar en sentido amplio no: escribir una novela, que de la punta de nuestro bolígrafo nazcan realidades (a veces mucho más intensas que la nuestra) que atrapen y emocionen. En definitiva, ser Autor. Todos queremos escribir porque contar relatos forma parte de nuestra esencia como seres humanos, pero ver nuestro nombre sobre una cubierta, custodiando las tramas y personajes que forman parte de uno, es elevar la creación a otro nivel. Es la autoridad del texto publicado, el prestigio, el ver que tu mensaje va a llegar a otros tantos que son como tú.

Pero poco se habla del vértigo que provoca la página en blanco. A veces es por perfeccionismo, otras por falta de inspiración y otras por pereza (todos pecamos de esta última), pero puedo apostarme la mano derecha a que todos tenemos en un cajón o un disco duro un manuscrito a medias. Esas palabras, horas y horas de nuestro tiempo e ilusiones que parece que no van a llegar a buen puerto, ¿qué hacemos con ellos? 

Internet a veces es maravilloso, y las comunidades que se crean alrededor de una pasión son también maravillosas. Una muestra de esta buena fe es la iniciativa NaNoWriMo (National Novel Writing Month), un reto que nace para que, de forma colectiva, la gente se proponga escribir nada menos que 50.000 palabras a lo largo del mes de noviembre. Una empresa sobrecogedora, sin duda, pero que ha servido a muchos de excusa para arremangarse y ponerse por fin a escribir esa novela con la que llevaban soñando. 

NaNoWriMo nace en 1999 como una iniciativa que tenía como único propósito incentivar la escritura: 30 días, 50.000 palabras. “Empiezan el mes como profesores de primaria, mecánicos o amos de casa. Terminan siendo novelistas” reza su página web. Sin embargo, en 2006 se convierte en una organización sin ánimo de lucro que se dedica a financiar programas educativos, organiza eventos literarios a lo largo y ancho del mundo.

Todo reto requiere compromiso, disciplina y trabajo. Escribir no es un ejercicio de inspiración divina, y como bien decía Picasso “La inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando”. Lo más importante de escribir no es tener la idea, sino trabajar el texto, corregir, reescribir, borrar párrafos, arrancar páginas y no dejar nunca de plasmar lo tuyo sobre el papel. NaNoWrimo te da la excusa y el apoyo de otros cientos como tú, que caminan contigo para poder ver por fin vuestro nombre en el estante de una librería.

 

Y la gente tiene éxito, por supuesto. Muchos trabajos quedarán a la mitad, otros serán rechazados por las editoriales, pero muchos otros encontrarán casa. La novela de Sara Gruen Agua para elefantes (2007) nació siendo un proyecto de NaNoWriMo, y ahora algunos conocemos por lo menos gracias a su adaptación cinematográfica. 

Yo también sufro el vértigo de la página en blanco, pero nunca es tarde para sentarse y empezar. Cervantes no escribió el Quijote hasta los 57 años, y hoy no entendemos la literatura universal sin él. Esta iniciativa solo es el empujoncito que todos necesitamos para dar el primer paso. Solo hay que crear un perfil en su web que sirva para hacer el tracking de lo que llevamos escrito y seguir sus hashtags en redes sociales. A partir de ahí, el camino es solo tuyo. Feliz escritura.

Beatriz Díaz

Beatriz Díaz

Me encargo de la sección de literatura, porque vivo enterrada en palabras. No soy exigente con el formato, me gusta el olor del papel y llevar mil historias en apenas unas pulgadas. Si también devoras libros como si fuesen tu última comida, has encontrado tu sitio.

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