Medios de comunicación

Mi reflejo me devuelve la mirada desde la pantalla en negro de la televisión. Cojo el mando con las manos temblorosas. ¿Qué desgracia nos deparará ahora?

Todos los días son del mismo tono de gris, no vaya a ser que ponga un poco de color en esta terrible vida. Según la voz que sale en las noticias, todos los días hay un número infinito de muertes. Covid, hambruna, guerras. Me señalan desde detrás de la pantalla. ¿Cómo puedes sonreír en un mundo así? Eres descendiente de Adán y Eva; naciste con el pecado original fluyendo por tus venas. Sufre, sufre. Llora como la Virgen María cuando perdió a su hijo, ¿no ves que la vida no es justa?

Las palabras no se las lleva el viento, porque si lo hiciese, ¿cómo me podrían estar ahogando así?

Miro las redes sociales y la poca esperanza que tengo se desvanece. Las manos de mis amigos están tan manchadas de sangre como las mías. Ni siquiera podemos saber de dónde ha venido, si es nuestra o de alguien más.

Me siguen señalando, miles de palabras se mezclan en el aire y son imposibles de descifrar. ¿Quién tiene la culpa? Tú, yo. Yo, tú. Él, ella. Todos. Nadie.

No soporto más el ruido. Me agarro del pelo y me hago un ovillo en el suelo. De repente, todo se queda en silencio.

El único pecado que he cometido es existir.

Relato de Irene Llera Santiago.

Compartir artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Babia

Volver

Y ver el mismo paseo, la misma playa, las mismas rocas.  Ver de nuevo a las señoras nadando a braza en la playa sin olas,

Ver entrada
Cine

Donde nadan los tiburones

¿Cómo funciona un festival internacional de series? El caso de Conecta Fiction En las calles de Pamplona, entre pintxos y copas de vino, se gestan

Ver entrada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *