La innovadora fugacidad del museo contemporáneo – Homo novus

Pensad un segundo en el Stonehenge. Círculos monolíticos de una inmanente fuerza espiritual, que te absorben hacia su corazón, irradiándote el alma de fuego y naturaleza. Fragilidad de ritual, de comunidad, y de baile, que, en cierto sentido, es por lo que nos atrae también cualquier museo. Nos hacen entrever que hay que adentrarse en las profundas entrañas de una cultura, en donde hierven las ideas de lo social, en donde se alienta cada pulso de la voz humana, para entenderla. Toda esa sangre se derrama en una tangente volatilidad escultural, arquitectónica y pictórica, que se conserva como recuerdo. Como ecos sobre nosotros, a través, normalmente, de formalismos históricos.

Los museos nacen esencialmente en virtud de acumular. Como cuando caminamos y decidimos adueñarnos del bonito trocito de tierra que nos hemos encontrado en el suelo y pretendemos atesorarlo como si fuera único. Sólo que, en vez de simplemente guardárnoslo para nosotros mismos, los expondremos. Así, comenzamos desde el siglo XVI con las grandes cámaras de arte que surgen, junto a las “Rüstkammer” germanas, que destacan colecciones manieristas como las de Rodolfo II de Praga (1552-1612), por otro lado, la de Alberto V (Duque de Baviera, 1550-1579) y finalmente las de Maximiliano I de Wittelsbach (Duque de Baviera, 1597-1661), herederos de las concepciones renacentistas que revaloriza los objetos del mundo clásico y de las demás culturas antiguas para su preservación y estudio (Hernández, 1994).

Gabinetes de curiosidades que, de la mano del Cinquecento italiano, nos permiten entender los elementos que constituyen la forma Moderna de nuestros Museos como emplazamientos de colección, clasificación y preservación de objetos culturales, acepción que se mantiene incólume hasta llegado el siglo XX, cuando todo cambia; refiriéndome al sentido unidireccional, que las cosas, pretendían tener hasta entonces. Y esta contemporánea inflexión es así, porque se destruyó Europa. Porque vimos arder nuestro presente y no quisimos volver a ver al inocente sufrir, en hedor de muerte mundial, en el putrefactamente marcado infierno, del que es nuestro cercano pasado. Se desarticuló desde entonces la idea de unidad, de uniformidad, de conjunto, en una desfragmentación que ahora atiende al constructo que surge de encauzar diferentes realidades, pero sin desdibujarlas, para que podamos atender cada peculiaridad por separado.

A través de “los sentidos” (s.XVII) pretendo dejaros esa vieja imagen de lo que era antes. (Ilustración 2, 3 y 4) Veréis; “la vista”, “el olfato”, “el gusto”, “el oído” y “el tacto”, son una serie de pinturas que muestran todo esto de lo que os estoy hablando.

Objetos que rodean y se apilan por todo el espacio pictórico, aludiendo cada uno de ellos a materialidades que se desenvuelven a través de nuestras sensibilidades, y que tienen el objetivo de racionalizar y enfatizar el único propósito de cada tipo de cuadro, instrumento, fruto o escultura que tengamos. Pero, como he dicho antes, ¿Qué sentido tiene entonces vivir y conocer, si de igual modo que es, puede dejar de serlo, y convertirse en polvo y cenizas?

En la actualidad, el ICOM (International Council of Museums) ha tratado esta problemática a través del propio marco conceptual, que tan diverso puede ser en un museo a día de hoy, definiéndolo año tras año bajo consensos y donde el último fue en el Centro Internacional de Conferencias de Kioto (Japón) en 2019:

Definición muy amplia y abstracta que evidencia el enorme abanico de posibilidades de las que hoy en día podemos disfrutar. La integración de estas ideas, por ejemplo, las vemos en las tendencias arquitectónicas de finales de los noventa, con el Guggenheim de Bilbao (1997). Donde el museo se transforma en un núcleo cultural, un organismo vivo, dentro del bullicio bilbaíno, que se desarrolla urbanísticamente, junto a sus ciudadanos.

Punto de reforma económica, social y artística de la conciencia y el compromiso que tiene el país vasco, con la vida de cada uno de los habitantes de este rincón de España. Este espacio mezcla la esperanza de un futuro donde la cotidianeidad y el arte confluyen en un camino de pasos fugaces e infinitos hacia lo verdaderamente bello de vivir, experimentar el cambio y el triunfo de lo humano, que lo demuestra con la espesa bruma escultórica que es capaz de producir el propio museo como espectáculo a su alrededor, como si fuera una nube más que fluye junto a todos nosotros.

Algo volátil e íntimo que me recuerda siempre muchísimo a Eduardo Chillida, que decía:

El museo y el objeto cultural ya no se esconden dentro de profundas cámaras acorazadas y castillos impenetrables, sino que son capaces de estar a nuestro lado, cada vez más cerca, hasta el día en que sean tan libres que podamos pasear por todo ello como si del mar se tratara. Y adentrarnos, suave e inconscientemente, en la tibia y profunda marejada de lo que nos hace ser, gracias al innovador proceso de desfiguración de los museos.

Aspiramos a envolver toda nuestra vida futura, como al principio, alrededor de la magia y el misticismo de la piedra, el “todo” común. Para ver, en ello, el inmutable anhelo de la cultura, que se contrae y se expande, que se une y se separa en ciclos perpetuos de existencias cambiantes, por fundirnos en un cálido unísono de catarsis. Y mi pregunta final es: ¿Acaso todo esto no es regresar a lo que sentíamos con el Stonehenge?

Bibliografía

(1) Hernández Hernández, F. (1994). Manual de Museología. Síntesis. (Hernández, 1994)

(2) International Council of Museums (25 de Julio, 2019). El ICOM anuncia la definición alternativa del museo que se someterá a votación.

(3) Sucesión de Eduardo Chillida, Museo Chillida Leku (2021). El Museo. (Chillida Leku, 2021).

(4) Guggenheim de Bilbao (2021). Espacio Corporativo. (Guggenheim, 2021).

(5) Museo Nacional del Prado (2021). Serie de los cincos sentidos (Colección): “La Vista”, “La Vista y el Olfato”, “El Gusto, el Oído, y el Tacto”.

Imagen de portada: Julian Stewart Thomas, Mike Pearson, Josh Pollard, Colin Richards, Chris Tilley, Kate Welham (2008/12/01). The Stonehenge Riverside Project (exploring the Neolithic landscape of Stonehenge).

La innovadora fugacidad del museo contemporáneo – Homo novus

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