BOCCIONI, Umberto. (1910-1911). La città sale. Extraído de: COEN, Ester. (1988). Umberto Boccioni. New York, The Metropolitan Museum of Art, P. 95.

¿Es la inmoralidad un impedimento para la excelencia artística?

Empezaré con una frase: 

“¿Por qué un buen soldado no puede ser al mismo tiempo un militante de la lucha de clases?” (Vega, 2004) (1)

Si algo innova destacadamente en el corazón de los movimientos culturales desde principios del siglo XX, y posteriores a la Primera Guerra Mundial, son tanto los manifiestos como el paso de “la neutralidad absoluta a la neutralidad activa y operante” (Vega, 2004) (2) de una infinidad de artistas. En pintura, en escultura, en el teatro y en la música, esta premisa tan política y transformativa fundamenta muchos de los objetivos que se persiguen para dinamizar el rumbo de las sociedades y las actitudes, en cuanto a los propios problemas que las envuelven; un átomo de conciencia que construye la persecución de “un mundo mejor”. 

Los impresionistas, por ejemplo, se desenvolvieron alrededor del intelectualismo de Baudelaire, que tanto les hizo querer dinamitar el academicismo de lo que les rodeaba. Si bien son los primeros en plantear una ferviente lucha emancipadora de sus ámbitos, que cala en el imaginario colectivo, no es hasta los futuristas cuando verdaderamente se logra crear un “sol” del que emane toda la energía que vitalice los objetos que se crean: un manifiesto que escribe Marinetti para “Le Figaro”, donde destaca, además, que no es un periódico burgués, sino un formato mucho más amplio y capaz de llegar a los más diversos estratos de la sociedad francesa. Así se decía en el texto futurista:

«No hay belleza sino en la lucha”; “Queremos glorificar la guerra (como única higiene del mundo) … y el desprecio a la mujer”; “Es necesario que el poeta se desviva con ardor, con fuego, con prodigalidad, por aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales: su ignición(Marinetti, 1909).

Este movimiento, además, nos deja obras en las que el propio Boccioni se aflige, proverbialmente, como testigo de la pugna continua entre su gobierno y el pueblo. Esto lo deja bien claro en “Rissa in galleria” (1910) (Ilustración 2), pintura que habla de las revueltas de Pirelli (1898), organizadas por los sindicatos: una manifestación general por la inflación y el hambre que asolaba el país, que, finalmente, fue reprimida de forma sangrienta por el general Beccaris.

BOCCIONI, Umberto. (1910). Rissa in Galleria. Extraído de: COEN, Ester. (1988). Umberto Boccioni. New York, The Metropolitan Museum of Art. P. 92.
BOCCIONI, Umberto. (1910). Rissa in Galleria. Extraído de: COEN, Ester. (1988). Umberto Boccioni. New York, The Metropolitan Museum of Art. P. 92.

El futurismo no sólo condena el hedor aburguesado que las muertes dejaban a su paso, sino que veía en las mismas el sentido de insurrección y belicismo que perseguirán, porque será “el drama humano y animal el auténtico constructor de la nueva ciudad” (Pizza, 2014). Una urbe capaz de moverse junto a sus integrantes en un frenesí perpetuo de energía desbordante nos deja en las líneas rectas de cada una de sus creaciones: la irracionalidad inmanente que alojará el propio fascismo. El manifiesto cubista (1914), el manifiesto amarillo (1928), las performances de Marina Abramović, pretender difundir a cualquier público el “nuevo arte”, perseguir cambios por un “mundo feliz” y, sobre todo, crear en el arte un sentido de “vanguardia” y “prosperidad”, son algo que nace en un movimiento que se envuelve más tarde en una política absolutamente inmoral. 

Pero, ¿acaso la inmoralidad de sus mensajes no fue acompañada de una técnica absolutamente excelente? ¿Acaso debiéramos hoy en día renunciar a todos los cambios del mundo cultural porque tienen precedentes futuristas y, por ende, protofascistas? 

La primera frase del artículo es del propio Benito Mussolini (Vega, 2004) (1), de mucho antes siquiera de entrar en la escena política, ¿acaso hoy en día nadie pronuncia su mismo mensaje? La segunda es también suya (Vega, 2004) (2), ¿deberíamos, acaso, abandonar toda pretensión de reformar nuestro panorama político y ser meros actores pasivos?. 

Las ideas se envuelven y se manifiestan de muchas formas; el arte es un caudal de todo esto mismo, nos da pistas de lo que nos rodea y nos permite entender mucho mejor la inconsciencia que subyace a cualquier manifestación material. Si bien una obra puede evocar al fascismo o al nazismo a través de simpatizantes de estas ideologías, ¿qué pasa con los demás artistas que usan las formas que estos mismos crearon?

MANOLA, Eduardo. (2019). “Investigamos: La propaganda en el cine bélico de la segunda guerra mundial” en: El espectador imaginario, N.º 102, mayo:
MANOLA, Eduardo. (2019). “Investigamos: La propaganda en el cine bélico de la segunda guerra mundial” en: El espectador imaginario, N.º 102, mayo:

Todas estas preguntas son muy complejas, y, si bien suelo escuchar que la inmoralidad es un argumento para descatalogar y perseguir a sus creadores de un modo inquietantemente simplista, quiero recordaros que la capilla Sixtina estuvo también precedida de juicios morales, que hoy nos deja de recuerdo la censura que a muchos de sus personajes envuelve. ¿Tuvo la moral imperante que haberla prohibido y eliminado?

VITA, Alessandra. (2014). “El traductor es como un restaurador” en Alessandra Vita, 9 de junio:
VITA, Alessandra. (2014). “El traductor es como un restaurador” en Alessandra Vita, 9 de junio. Este enlace.

Decía el prólogo de El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde: “Un libro no es en modo alguno moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.” (Wilde, 2019). A esto añado que es el arte lo que dinamita nuestra alma, despeja nuestro ser y nos permite elevarnos a lo supraterrenal de nuestra imaginación, mejorando nuestro entendimiento de todo lo que constituye a la realidad. No permitamos que la inmoralidad estime el valor de una creación artística; no podemos enjaular las ideas en una estética puritana, que además es meramente circunstancial y fugaz. Y, que en el momento en el que esta misma prevalece sobre cualquier cosa, es cuando un prejuicio embellecido se apodera de todo, es cuando el odio y el rencor envenenan la libertad en pos de una corrección que subyugue todo lo diferente: premisas del totalitarismo. Ver y ser capaces de entender lo moral e inmoral en una obra de manera independiente nos enseña que el ser humano es mucho más que carne e instintos. No hay forma más libre que la del lienzo en blanco, y si el arte es la “tarea suprema y auténticamente metafísica de esta vida” (Nietzsche, 2012) entonces deberemos luchar con las armas de la palabra para que los ojos de cada uno de nosotros sean capaces de sobreponerse a la superficialidad, porque el velo del pensamiento solo se descubre en la libertad de los ojos profundos, y porque los cambios en las mentalidades es lo que verdaderamente hace que todo pueda ser diferente, es lo que nunca desaparecerá, lo que no se puede extinguir y que sobrevive después, más allá de nosotros: las ideas. 

La verdad se corrompe, tanto con la mentira, como con el silencio (Cicerón, S. I a.C).

Así que hablemos, escribamos y transformemos. Y para seguir leyendo sobre la inmoralidad del arte recomendamos el artículo sobre Moral y ética en Lolita, de Quico Enrile.

Bibliografía

  1. VEGA GARCÍA, Pedro. (2004). Estudios Político-Constitucionales. México D.F: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones científicas. Pp. 237-276. Citas: P. 245 (1) y P. 248 (2). 
  2. TOMMASO MARINETTI, Filippo. (1909). “Le Futurisme” y “Manifeste du Futurisme” en: Le figaro. 55º Año, 3ª Serie, N.º 51, 20 de febrero.  Recuperado del archivo. Cita: (3)
  1.  PIZZA, Antonio. (2014). “El prometeismo social en el futurismo italiano” en: Las ciudades del futurismo italiano. Milán, París, Berlín, Roma. 1909-1915. Barcelona: Escuela Técnica Superior de Arquitectura, UB Ediciones. Pp. 251-287. Cita: P. 271 (4).
  2. AURREKOETXEA JIMÉNEZ, Aitor. (2015). Tesis doctoral: Futurismo Italiano y Fascismo paradigmático, estética y política, una convergencia problemática; Encuentro y desencuentro de dos fenómenos contradictorios (1909-1922). Donostia, Universidad del País vasco. 
  3. WILDE, Óscar. (2019). “Prologo” en: El retrato de Dorian Gray (1890). España, Alma Europea. 
  4. NIETZSCHE, Friedrich. (2012). “Prólogo a Richard Wagner” en: El nacimiento de la tragedia (1872). España, Alianza.  
  5. COEN, Ester. (1988). Umberto Boccioni. New York, The Metropolitan Museum of Art. 

Imagen de portada: BOCCIONI, Umberto. (1910-1911). La città sale. Extraído de: COEN, Ester. (1988). Umberto Boccioni. New York, The Metropolitan Museum of Art, P. 95.

Andy García

Andy García

La luz del esbozo abre un mundo en primera medida primitivo y tenebroso, que se configura bajo los inquietos trazos del pulso nervioso de cualquier artista, que intenta hacer de una idea algo material. De ese bullicioso nacimiento, cada forma se sofistica, y a través del color, toma la vida de algo mucho más amplio e íntimo: un cuadro, una viñeta, un cartel, un retrato, etc. Que de la mano de su autor, integran el microcosmos de mi sección.

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