El retorno de la llama

Magritte pinta este recuerdo de su infancia hacia 1943, ya con 45 años (Ilustración de portada). Y aún en toda la distancia que separa ambos momentos, se mantiene firme el eterno gusto de este pintor por el misterio que emana esta historia de Marcel Allain y Pierre Souvestre: la de Fantômas (1913).

MAGRITTE, René. (1943). El retorno de la llama. 
MAGRITTE, René. (1943). El retorno de la llama.

Se nos presenta la portada de un hombre enmascarado que pone sus pies sobre París, imparable y terrible, avanzando entre las calles como el criminal abominable que es. Magritte le añade, además, a la vieja portada de Fantômas, un dulce aroma romántico de añoranza y que termina también deformando las figuras de la ciudad en torno al cálido fulgor que emanan los trazos del pintor.

La trama principal de la historia es la de descubrir quién se oculta bajo la enorme cantidad de disfraces que es capaz de engendrar Fantômas, con quien poéticamente Magritte se identifica, y a quien le coloca una rosa. El enemigo de Fantômas es el inspector Sûrute Juvel, que persigue lo que se oculta bajo las apariencias, un constante conflicto del que también somos partícipes.

El motivo es que somos nosotros quienes, en definitiva, vamos tras las pistas que Fantômas-Magritte nos ha dejado, durante toda su vida, en sus obras. A través de ellas pretenderemos desvelar el enigmático surrealismo que late bajo los elementos de una cotidianeidad que pinta soberbiamente este artista.

MAGRITTE, René. (1936). Pintando la clarividencia.
MAGRITTE, René. (1936). Pintando la clarividencia.

El propio acto de pintar ha ido transformándose a medida que Magritte se consolidaba como un auténtico filósofo de las imágenes: ¿qué es más real? ¿Lo pintado, lo dibujado, la palabra o el objeto en sí mismo? (Ilustración 3) A esto es a lo que le gusta jugar, al galimatías de lo que consolida el propio ser. 

Nació el 21 de noviembre de 1898 en Bélgica y, desde pequeño, la emancipadora magia que desprende la pintura fue un foco de atención para él. Dio la casualidad de que, de niño, cuando jugaba inocentemente entre los viejos escombros de un cementerio al que le acompañaba una amiga suya, algún que otro pintor de la ciudad se pasaba por allí para poder practicar sobre el lienzo al aire libre. Magritte cuenta que para él tal acto era mágico, como si aquello que dibujaba el artista de repente cobrara vida, otro mundo fantástico. Más tarde estudió en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, y se mantuvo muy cerca de diversos círculos artísticos. 

Respecto a la vida de Magritte es importante, además, mencionar que aun con los diferentes aspectos biográficos que podamos conocer y valorar, no significa que para él fueran determinantes en la forma que tomaban sus creaciones. Su madre se suicidó cuando él tenía 14 años, recuerda muy bien también la luz del cementerio que frecuentaba en sus vacaciones, y guarda también el profundo amor que sentía por Georgette, su mujer.

Tratar de psicoanalizar todos estos aspectos que le rodeaban para dar un mensaje concreto sobre sus trabajos es algo de lo que estaba rotundamente en contra; sus obras no tienen que hablar únicamente de la muerte o del amor. Porque cuando hablamos de Magritte –o de cualquier otro artista– por inercia le adherimos una experiencia pasada que entendemos como su biografía, identificando ambos elementos a través de una relación simplemente nominal: un Magritte.

Por eso, siempre busca romper todos esos posibles lazos. Desde su punto de vista, los estudios psicoanalistas que alguna que otra vez hicieron sobre su vida y, con ello, sobre sus pinturas, eran intentos policíacos y políticos de opresión sobre las obras de arte, porque enclaustraban todo su ser y significado en un determinismo anecdótico realmente insípido y fatal que mataba la vida de sus obras. Por ello, en su surrealismo, atendiendo a los títulos de sus obras, estos no son explicaciones de lo pintado, porque al igual que con su propia vida, la relación con las imágenes es de naturaleza poética. Es decir, como dice Patrick Waldberg: “Sirven de antídoto contra la percepción realista” (Paquet, 2000). Pero, ¿Y si negamos todas esas relaciones?

MAGRITTE, René. (1929). Esto no es una pipa.
MAGRITTE, René. (1929). Esto no es una pipa.

El pensamiento es un juego ilusionista de metamorfosis, de transformación continua de las ideas. Magritte es un mago que gesticula conjuros proverbiales impregnados de pigmentos que son, en definitiva, el color que sus reflexiones toman a través de lo cotidiano, con el que nos hechiza para hacernos reflexionar. Un paisaje, una pipa, un desnudo, son absolutas proezas en nuestro día a día, puesto que creamos significados, momentos, edificios y palabras que persiguen y tratan de alcanzar el perpetuo fluir del mundo. Definimos para concretar lo que existe y, por lo tanto, siempre nos resultará extraño que una roca vuele, o que una persona levite. Y, aun así, en el surrealismo de Magritte hay algo tan real como lo es el misterio que rodea cada detalle de nuestra realidad, cada vacío entre cada átomo, cada noche entre los días. Un telón que solo Fantômas-Magritte es capaz de abrir, para finalmente descubrirnos máscaras sobre máscaras, o planos sobre planos.

MAGRITTE, René. (1925). La firma en Blanco.
MAGRITTE, René. (1925). La firma en Blanco.

Da la casualidad de que aquí en Madrid tenemos la inmejorable oportunidad de visitar algunas de sus grandes obras gracias a museos como el Thyssen-Bornemisza, que a día de hoy tiene una exposición abierta a la que ha llamado “La Máquina Magritte”, en parte haciendo referencia a la necesidad de ver todas las obras que podamos del artista para comprender mejor las repeticiones y paralelismos que hace entre ellas. Algo así no se hacía en la capital, sobre este pintor, desde 1989, así que si tenéis la oportunidad de ir no dudéis un segundo en hacerlo y comprender que se trata de algo verdaderamente excepcional.  

Bibliografía

  • MIRANDA BUSTAMENTE, María de los Ángeles. (2006). “Esto no es una ponencia sobre Magritte”, F@ro: revista teórica del Departamento de Ciencias de la Comunicación, Núm. 3, extraído de Universidad de Playa Ancha
  • PAQUET, Marcel. (2000). Magritte. Taschen, Köln. (Paquet, 2000). 
  • THYSSEN-BORNEMISZA, Museo Nacional. (2021). Exposiciones: La Máquina Magritte
  • Ilustración de Portada GAUMONT FILMS. (1913). Póster de la película de Fantômas.

 

Andy García

Andy García

La luz del esbozo abre un mundo en primera medida primitivo y tenebroso, que se configura bajo los inquietos trazos del pulso nervioso de cualquier artista, que intenta hacer de una idea algo material. De ese bullicioso nacimiento, cada forma se sofistica, y a través del color, toma la vida de algo mucho más amplio e íntimo: un cuadro, una viñeta, un cartel, un retrato, etc. Que de la mano de su autor, integran el microcosmos de mi sección.

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