View from the Window at Le Gras, Joseph Nicéphore Niépce

El día en que nació la fotografía

Un sol radiante limpiaba de sombras las calles de París. Era un día excepcional. Como cualquier otro del verano de 1839, o quizá, un poco mejor. Una masa de gente se acumulaba en las afueras de la Academia de las Ciencias. De vez en cuando, salía algún espectador del interior al cual se le abalanzaba la multitud con preguntas.

Él respondió que el secreto estaba en el Betún de Judea mezclado con la esencia de lavanda. Pero otro espectador que salía detrás de él, le interpelaba aclarando que no, que el secreto estaba en el yodo y el mercurio. Las masas de interesados se precipitaban a la entrada de la Academia mientras los guardias intentaban mantener el orden. El mundo y la cultura iban a cambiar ese día.

Mientras, un hombre en el interior de la Academia, en medio de una gran sala, movía elementos químicos de un lado a otro enunciando al público cada paso del proceso que estaba llevando a cabo. Humedeció una placa de bronce en una mezcla caliente de piedra pómez y aceite de oliva. Después, realizó una serie de baños. El primero con agua destilada. El segundo, con yodo. El silencio inundaba el lugar. A continuación, colocó la placa bañada en una cámara oscura que apuntaba hacia el Sena. El río posaba majestuoso y soberbio ante el ser humano, que le miraba por primera vez por la mirilla de una cámara.

Quince minutos después, un murmullo de incomprensión, interrumpió el silencio de la sala. La placa de bronce, seguía igual que al principio. Sin embargo, el científico, al que vamos a llamar fotógrafo, permaneció tranquilo. Seguro de sí mismo y de lo que hacía. Introdujo la placa en una vasija junto a dos libras de mercurio. El calor de una lámpara hacía que aquellas libras se fijasen en la superficie, lo cual, provocaba la aparición de una imagen. El asombro y la admiración, fue general. Ese fue el día, 29 de agosto de 1839, en el que nació la fotografía de la mano de Louis Daguerre, o como prefería él llamarlo: el daguerrotipo. 

Nunca vi nada tan perfecto. Al ojo, cada objeto aparecía finamente grabado. Pero con una lupa se podían notar las diferencias de grano de cada piedra de la acera, incluso se podía haber conocido la  materia, la índole de cada objeto. (Newhall, 2002)

Desde ese momento, Daguerre se hizo con la industria de la fotografía vendiendo la patente y creando el primer negocio de cámaras. Sus primeras treinta unidades las vendió en un año. Con todos los accesorios, estos aparatos pesaban cerca de cincuenta kilos y costaban unos cuatrocientos francos oro. Daguerre dedicó el resto de su vida a realizar eventos por el mundo para explicar la daguerrotipia.

El Louvre de Louis Daguerre, 1839
El Louvre de Louis Daguerre, 1839 Recuperada de este enlace.

Sin embargo, nadie era consciente de la calidad que aquel invento alcanzaría en el futuro. En aquel momento, la técnica utilizada estaba poco depurada y daba un resultado con poco contraste, quemando las zonas con mayor iluminación y sin un sistema demasiado práctico de medición. Además, producía una pérdida de información severa en las esquinas de la instantánea, que obligaba a adaptarlas a un tamaño elíptico.

No obstante, esta historia no hace del todo honor a la verdad. La historia se construye con pequeños pasos que concluyen en un gran acontecimiento. Por tanto, hay que saber, que la fotografía ya existía para el verano de 1839. Realmente da igual el nombre de quién estuviese detrás. La aparición de la fotografía era inminente. Durante todo el siglo XIX empezaron a aparecer multitud de inventos desarrollados con la intención de trasladar la realidad al papel, desde pequeños utensilios que ayudaban a dibujar mejor la realidad, como la cámara de Wollaston, creada en 1806; o las máquinas para dibujar de Alberto Durero o Daniel Bárbaro.

Cámara lúcida de Wollaston, ideada en 1806. De V.Chevalier en notice sur l'usage de la chambre claire, 1834
Cámara lúcida de Wollaston, ideada en 1806. De V.Chevalier en notice sur l’usage de la chambre claire, 1834 recuperada de este enlace

Por otro lado, veintitrés años antes del invento de Daguerre, Nicéphore Niépce, teniente borgoñés y explorador retirado, realizó la primera fotografía: Vista desde la ventana en Le Gras. Su condición privilegiada de burgués, le permitió compaginar sus aficiones científicas con su carrera militar. En abril y mayo de 1816, tras mucho tiempo explorando con materiales, consiguió obtener las primeras heliografías. Es decir, las primeras imágenes sobre papel. Su proceso se llevaba a cabo con planchas de estaño, papel, peltre o cristal. Además, debemos a Niépce el inicio de la idea del diafragma y el carrete. Se conocen los avances por la correspondencia con su hermano, que cada vez tuvo que estar más encriptada ante los interesados (como el mismo Daguerre) que podían aprovecharse de esos conocimientos.

Tras varios años, un joven Daguerre estableció contacto con él. Niépce, envejecido y atormentado por problemas económicos y la muerte de su hermano, abandonó sus investigaciones y firmó un contrato con Daguerre. El 14 de diciembre de 1829 formaron una sociedad en la que se establecía a Niépce como creador de la heliografía. El documento que lo confirmaba ha permanecido desaparecido hasta 2009, que se encontró en la Facultad de Agronomía de Buenos Aires. Sin embargo, Niépce nunca llegó a ver el gran desarrollo y las infinitas aplicaciones al mundo del arte que conseguiría la fotografía en menos de una década. Desgraciadamente el 3 de julio de 1933, Niépce sufrió un ataque de apoplejía y falleció.

No quería finalizar sin citar a otro inventor olvidado. Hércules Florence, nacido en Niza. En 1804 dejó Francia y viajó a Brasil, donde se convirtió en un investigador autodidacta sin precedentes. El mismo año de la muerte de Niépce ya había creado la fotografía, había conseguido fijar imágenes sobre papel fotosensible, método que empleaba para realizar emblemas masónicos y etiquetas de botica. En palabras suyas.

Cuando en 1839 tuvo lugar el invento de Daguerre, dije para mis adentros `si hubiese permanecido en Europa, se hubiese reconocido mi descubrimiento´.  (Kossoy, 2004)

En conclusión, lo importante no es quién sino qué. En el siglo XIX, todos los avances científicos y las ansias de conocimiento del ser humano, derivaron en la aparición de un nuevo arte. Una ventana para el espacio y el tiempo. Una nueva manera de comunicarse y contar historias. La fotografía.

Especial agradecimiento al trabajo de Marie-Loup Sougez en su libro: La Historia de la Fotografía, que ha servido de ayuda en la investigación. 

Bibliografía

Newhall B. (2002) Historia de la fotografía, Gustavo Gili

Kossoy B. (2004) Hércules Florence: el descubrimiento de la fotografía en Brasil, INAEH.

Foto de portada: View from the Window at Le Gras, Joseph Nicéphore Niépce. Recuperada de este enlace

Jorge Vega

Jorge Vega

Desde pequeño hacía cortometrajes con mi hermano, desde el desinterés, sin pensar demasiado. Él se ocupaba de todo y yo agarraba la camarita. Años después he de decir que mi hermano se ha convertido en director y es un figura, yo aquí sigo sujetando la camarita. Pero tiene su belleza, captar la realidad. Encerrarla para siempre y analizar todos sus detalles, es realmente hermoso y ojalá sea capaz de transmitírtelo.

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