Diario de un corresponsal sobre una Jerusalén costumbrista

Por Gonzalo Jiménez Tapia

Jerusalén es una ciudad que atrapa, incluso si no la has visitado. Se han escrito muchos libros de viajes y crónicas sobre ella, pero el último paseo por la Ciudad Eterna es del periodista y corresponsal Mikel Ayestaran, con el título: Jerusalén, santa y cautiva. Desde el corazón de la Ciudad Vieja a la eternidad

Con una portada muy atrayente en la Explanada del Templo, el autor escribe una crónica personal con grandes tintes inevitables de estilo periodístico. Lo que empieza como una descripción de su día a día en Musrara, el barrio extramuros donde vive con su familia desde 2015, se trasforma en un relato que recorre el barrio musulmán, cristiano, armenio, judío y los santos lugares. 

El autor no es un mero cronista. Añade un mapa, una cronología y bibliografía sobre Jerusalén que entrelaza con la descripción de los aromas, el aspecto de las calles y el ambiente de tensa calma que se respira en la ciudad. Todo lo combina con retornos al pasado para explicar la historia de la ciudad, que intenta acompañar con un estilo más literario. La descripción y la narración se complementan con un estilo típico de una crónica que se puede leer en un periódico, pero muy personal.  

El Purgatorio Jerosolimitano 

Como buen corresponsal, en sus páginas, la atención la absorben el entorno y los diálogos; las personas que entrevista a lo largo del libro: el rabino, el exjugador de baloncesto reconvertido en Papa Noel, el comerciante o el tatuador de cruces de Jerusalén. Esas entrevistas son la verdadera esencia del libro, porque son ejemplo de una Jerusalén íntima, alejada del turisteo, que no se ve a simple vista. Desde la mejor librería, el precio real del cristal de Jerusalén, o la decadencia de los bazares tradicionales. Realidades cotidianas que se convierten en protagonizas de este relato sobre la ciudad santa. 

No se olvida de hablar de su profesión como corresponsal en una zona de conflicto. Además de las dificultades que tiene la vida para un extranjero en una ciudad repleta de muros físicos, pero también invisibles, que son los más complicados de derribar. Por eso no se olvida de esas barreras y critica sutilmente la falta de compresión que existe entre grupos y religiones cuando Jerusalén es todo lo contrario: Una tierra llena de magnetismo tanto para creyentes como escépticos. 

Mikel Ayestaran consigue mostrar en apenas doscientas páginas una Jerusalén que en pleno 2021 sigue cautiva, física y espiritualmente, de un pasado de millones de años marcados por la disputa entre credos completamente opuestos. Con un estilo más periodístico que literario, un tanto repetitivo, consigue que el lector se choque de frente con el conflicto que lleva más de setenta años enfrentando a palestinos e israelíes por el dominio de la primera tierra de santidad.

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